Nacho Vegas: ''Canto al pesimismo''
23/1/2009
El músico comienza en Valladolid la gira de 'El manifiesto desastre', un álbum en el que desnuda su alma con temas que van del sexo a las revelaciones existenciales.
Con la convicción de que sus discos tardan en calar pero acaban siendo satisfactorios, el eterno maldito del rock Nacho Vegas no oculta la catarsis que le produce cantar versos pesimistas, un hábito adoptado como repulsa a la misantropía que su generación heredó de los que tacha mediocres años 90. Hoy inicia en Valladolid la gira de presentación de su último trabajo, precisamente bautizado con un nombre poco dado al optimismo, 'El manifiesto desastre' y necesitado de una "segunda escucha" para poder entenderlo, como reconoce el músico.
Para el cantante, nacido en Gijón en 1974 y reciente compañero de aventuras musicales de Enrique Bunbury y de Christina Rosenvinge, esa visión "un poco pesimista" de algunas de sus canciones no se debe sino a la herencia que la década de 1990 dejó a su generación. "A los que teníamos entre 20 y 30 años nos tocó vivir una época muy mediocre en el plano social y político, y esa mediocridad que invadía todo el ambiente te crea una rabia que te da ganas de hacer cosas, porque es el pesimismo lo que me hace cantar sobre ello, además de una manera de luchar contra él", aclara Nacho Vegas.
En su último álbum en solitario, el cuarto de larga duración después de '"Actos inexplicables' (2001), 'Cajas de música difíciles de parar' (2003) y 'Desaparezca aquí' (2005), el cantante desnuda más que nunca su alma a través de temas que van desde el sexo a las revelaciones existenciales o las rupturas sentimentales. Un ejemplo es 'Morir o matar' y aunque la canción no supone sino una manera dramática de ver las peleas en el amor, Vegas tiene claro que la vida "te enseña a matar hasta que mueres. No hay más".
Un artista maldito
Quizá afirmaciones de esa índole le han colgado el sambenito de artista 'maldito', una etiqueta que le ponen otros "por cuestiones coyunturales que no son estrictamente musicales", asegura el asturiano, aunque en todo caso, no le molesta.
Desde que abandonara el grupo que fundó a mediados de la década de 1990, Manta Ray, Vegas ha sabido rodearse no de colegas, sino de "buenos amigos" que le han permitido compartir y aprender. El que fuera líder de Héroes del Silencio, Enrique Bunbury, con quien grabó en 2006 el disco 'El tiempo de las cerezas', no fue una excepción, por lo que el asturiano deja la puerta abierta a nuevas andanzas a medias. "Me gustaría que fuera en un futuro a largo plazo, que dentro de unos años miremos atrás y hagamos algo diferente a lo que hicimos pero con el mismo espíritu", comenta. También anhela volver a unir fuerzas con una persona "importante" en su vida y con la que mantiene "una relación muy especial": Christina Rosenvinge, veterana del pop desde finales de la década de 1980 y su compañera de fatigas en el EP 'Verano fatal' (2007).
Para el futuro, Nacho Vegas desea seguir avanzado más en la confianza del público, como dice haber conseguido con cada disco, que es lo que le permite tener una relativa tranquilidad para poder vivir. "Y así me gustaría seguir, sin grandes alardes y ventas", sentencia.
Un mercado musical que no dependiera de los grandes medios de comunicación y en el que toda la gente que trabaje lo haga porque "de verdad le gusta" es para él lo necesario en los tiempos que corren en la industria discográfica, encaminada ahora a crear productos para rentabilizar a corto plazo, lo que junto al "neoliberalismo feroz" la han llevado a la situación actual.
Un disco con Andrés Calamaro, con quien ya lo ha hablado "de manera muy informal" aunque sin determinar nada, es ahora mismo una de la prioridades musicales de Nacho Vegas, al estilo de colaboraciones anteriores que le han influido en sus propias creaciones.




