Leonard Cohen y Morrissey cierran el FIB
21/7/2008
El artista canadiense y el músico británico pusieron el broche de oro a un certamen más complejo que nunca que por primera vez abrió sede en Madrid con el Saturday Night Fiber.
Leonard Cohen tiró por tierra el tradicional concepto del festival de verano para convertir el de Benicàssim en un gran teatro al aire libre, donde su enorme talento, su glorioso pasado y su aún atractivo presente conquistaron a un público entregado con respeto a su arte tranquilo, quizá el menos acostumbrado a escucharse por estos lares.
A las ocho de la tarde y en el escenario principal del Festival Internacional de Benicàssim, el artista canadiense salió junto a una banda de seis músicos y tres coristas que le acompañaron a la perfección durante un recital de una hora y diez canciones, todas ellas entre las más conocidas piezas de este poeta y compositor.
Así, el vals de 'Dance me to the end of love' marcó el inicio de un recital que a muchos se antojaba complicado para un entorno como el FIB Heineken, pese a que en las últimas ediciones se ha ido abriendo al homenaje a los 'padres' y 'abuelos' de la música contemporánea para que los jóvenes 'fibers' puedan descubrirlos y los adultos pasen también por la taquilla de un certamen-negocio destinado fundamentalmente al ocio veraniego.
Vestido con sombrero negro, el mismo color que el chaleco y el pantalón, y con una camisa gris que se arremangó, Leonard Cohen regresó a un escenario español tras quince años de ausencia, cuando en mayo de 1993 visitó Madrid y Barcelona para presentar 'The future', cuyo tema titular también sonó en el FIB con la misma ironía con que fue escrito en su última obra maestra antes de su retiro zen, su ruina económica y su discreto regreso a la industria discográfica.
Permanentemente agradecido al público, ante quien se quitó el sombrero cada vez que recibía una de las constantes ovaciones que brindó, y a los miembros de su también elegante banda, el sonriente trovador de las miserias humanas volvió a prestar su voz quebrada para recitar 'Bird on a wire', 'Everybody knows', 'Who by fire', 'Suzanne', 'Hallelujah', 'I'm your man' y 'First we take Manhattan'.
Con 'Hallelujah' se vivió posiblemente el primer gran rezo colectivo del festival en sus catorce años de historia, con brazos al cielo durante el estribillo, niños pequeños a hombros de sus emocionados padres y alguna lágrima entre varias 'fibers' que descubrían a ese "señor tan guapo y elegante".
'I'm your man', ese larguísimo ruego para ser correspondido por la amada que veintidós años después sigue sonando tan actual como entonces, trajo paz a un festival acostumbrado al derroche sonoro y al culto al decibelio, aunque generó también bastantes reproches del público 'mayor' hacia los jóvenes que pasaban por allí vociferando.
Morrissey arrasa
Tras los ecos del éxito logrado por Leonard Cohen en el Escenario Verde, Morrissey tenía ante sí el reto de ofrecer un concierto con mayor tirón popular que el de su anterior visita al FIB Heineken, en 2006, algo que consiguió en bastantes momentos de su actuación ante la mayor audiencia que ha congregado un artista en esta edición.
Tras la reciente publicación de un nuevo disco de grandes éxitos, los 'fibers' esperaban una sucesión ininterrumpida de esos temas que forman parte de uno de los repertorios más respetado del pop-rock de los últimos 30 años, el labrado primero por The Smiths y, desde 1988, por Morrissey en solitario, y que tanto han influido en las generaciones de los 80 y los 90.
A lo largo de 75 minutos, dieciocho canciones, tres camisas y otras tantas caídas voluntarias para escenificar su particular catarsis artística, Morrissey regaló a un público totalmente entregado algunas de sus piezas más conocidas. De sus temas en solitario sonaron desde 'The last of the international playboys' hasta el más coreado de la noche, 'First of the gang to die', pasando por 'Irish blood, english heart' o 'Why don't you find out for yourself', mientras que The Smiths resucitaron con 'How soon is now', 'Death of a disco dancer', 'What she said', 'Ask' o 'Vicar in a tutu'.
Muy comunicativo y con su habitual sarcasmo, el responsable de algunos de los discos más importantes de la música independiente y uno de los artistas más influyentes de su generación estuvo acompañado por su habitual y efectista banda rockera, que recuperó con toda su potencia los temas de los Smiths que hicieron viajar al FIB hasta los años 80.
Una sabia mezcla de flamenco y rock
En otro extremo musical, el flamenco también tuvo su espacio de gloria en el festival de la mano de Enrique Morente y Lagartija Nick, rememorando su legendario álbum conjunto 'Omega' (1996), construido sobre versos de Lorca y canciones de Leonard Cohen.
Un plato fuerte de digerir para públicos poco acostumbrados a los lances puramente españoles que, no obstante, devino en la consecuencia más implícita de este arte: convertir la amargura en alegría y llenar el recinto, poquito a poco, de improvisados palmeros.
En una afrenta a los puristas, el cantaor y la banda granadina demostraron que el rock y el flamenco pueden coexistir en una misma pista de grabación, y evidenciaron además que si se ejecuta con sentimiento, salero y corrientes eléctricas puede resultar una mezcla espectacular.
A la fiesta, que duró casi dos horas y rompió el acotado tiempo de actuaciones, se sumó una espontánea, Estrella Morente, quien, junto a su padre y los músicos de Lagartija Nick, parapetados tras mamparas de cristal, brindaron momentos brillantes de rock, flamenco y poesía con el 'Aleluya' y el 'Manhattan' de Leonard Cohen.
En una dimensión menor pero también muy emotiva, el músico estadounidense Micah P. Hinson ofreció un desgarrador concierto transformando las tranquilas melodías sureñas de sus discos en un desafío al punk, perpetrado a través de los gritos atormentados de 'Across the sea'.
En su mismo escenario actuó después Richard Hawley, el gran crooner inglés del siglo XXI que defendió especialmente sus dos últimos discos, 'Coles corner' y 'Lady's bridge', con el rockabilly y el buen gusto como principales argumentos.
Y junto a ellos, más música de baile -a cargo sobre todo de Justice y Yelle-, punk gótico -con la histórica Siouxsie- y muchos 'fibers' dormidos por todas partes del recinto de conciertos.




