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La última noche gamberra de Los Ronaldos

Los Ronaldos 13/3/2008

La banda liderada por Coque Malla ofreció un gran espectáculo de despedida, ante un público entregado.
Pedro Pollán

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  • tonos
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Buena temperatura, colas interminables para entrar en la sala, cervezas, humo, risas…En definitiva, todos los elementos hacían presagiar una buena noche. Ahora bien, faltaba lo más importante, que Coque Malla y sus chicos ofrecieran un espectáculo a la altura del listón puesto; el listón del último concierto.

Los Ronaldos –Luis Martín a la guitarra, Luis García al bajo, Ricardo Moreno a la batería y Coque como cantante y guitarrista- demostraron desde el primer momento que son una máquina musical bien engrasada, y salieron desde el principio con el espíritu encendido. Coque Malla con su particular traje de luces –mítico chaleco, pantalones pitillo, y botas- levantaba al público en los tres primeros temas y dejaba claro que la despedida empezaba a calentarse.

Los madrileños encuentran su hábitat natural encima del escenario y poco a poco, mientras van desgranando todas las joyas de su extenso repertorio, el concierto se convierte en un crisol de voces que se impregnan de la esencia irreverente y golfa que emana la banda. 'Por la noche', 'Adiós papá',  'Sabor salado',  'Guárdalo', 'Me gustan las cerezas', 'Estás haciendo mal'... Los temas van fluyendo entre la gente y el listón continúa elevándose.

Musicalmente hablando, la segunda mitad del concierto crece. La introducción de instrumentos de viento –con la inclusión de tres saxos- enriquece los temas y el sonido 'rockero' de las primeras canciones se va diluyendo en ritmos más 'jazzeros', salpicados de elementos del blues y del soul. De este modo, el tiempo avanza deprisa y nos acercamos hasta el final del espectáculo.

Ante la insistencia de la gente que llena la sala, la banda ofrece cuatro bises para completar una actuación extensa y vibrante en la que el público disfruta de casi dos horas de espectáculo. En definitiva, Los Ronaldos se despiden de la música de la misma manera que llegaron a ella; derrochando energía, originalidad y sobre todo desprendiendo una esencia gamberra que inyecta una felicidad primaria a sus seguidores.

Autor: Pedro Pollán