El rey Solomon cierra el Jazzaldia con una fiesta soul
27/7/2006
Solomon Burke cerró brillantemente anoche la 41 edición del Festival de Jazz de San Sebastián con una fiesta musical cuyo ritmo enloqueció a la audiencia.
La Soul Alive Band subió al escenario de la plaza de la Trinidad e inició una actuación instrumental hasta que, en el segundo tema, al ritmo de 'Knock on wood', una cortina negra izada ante el público impidió observar cómo el gran Solomon, a quien un elevador subió al tablado en su silla de ruedas, era estibado frente al trono rojo en el que se sentó tan pronto como, una vez descubierto, saludó al auditorio.
El apoltronamiento de Solomon no fue sino el inicio de un festival de rock y soul en el que esta inmensa humanidad que acumula 21 hijos, a los que sin duda habrá arrullado con música negra, acabó con el tópico de la frialdad del público donostiarra, aunque fuera por una noche.
En su primer tema lanzó el collar al público. Luego regaló a las mujeres del auditorio las rosas rojas que lo flanqueaban en su trono escénico e incluso las invitó a quedarse dentro del perímetro de seguridad al que habían accedido para hacerse con sus obsequios, lo que no permitió la organización del Jazzaldia.
Poco después de que su hija -corista del grupo- interpretara el bailón 'I will survive', cuando pasaba una hora desde el inicio del concierto, el monarca Solomon exhortó a un buen grupo de mujeres y niños a subir al escenario para asumir parte del protagonismo en el 'Proud Mary' que hizo cantar al micrófono a algunos de sus improvisados invitados.
El festival ya era total. Entre cantos y mensajes de autoayuda, Solomon Burke lanzó a los espectadores besos, camisetas y discos como si fuera un gran Papa Noel, y se ganó con su entrega la simpatía de un público que se dejó llevar por la música.
'Don't give up on me', un midley con 'Tuttifrutti' o 'Lucille' que sacudió al auditorio fue frenado en seco por el 'What a wonderful world' que Solomon dedicó a Louis Armstrong, y el recital terminó con un frenético 'Everybody needs somebody' cuyo final aprovechó el rey para, de nuevo ocultado por el cortinón, abandonar el escenario en silla de ruedas por donde había venido. Imborrable.
The Neville Brothers no tuvieron suerte al ser programados después de Solomon Burke, ya que el rey se llevó no sólo la simpatía, sino también las ganas de bailar de unos espectadores que siguieron ya menos entregados su concierto soul y funky que incluyó la interpretación de 'Iko Iko' o 'Fever'.
Por la tarde, Caetano Veloso se dio un baño de multitudes en el Kursaal donostiarra en un concierto que, evidentemente, incluyó un repertorio a años luz del jazz abierto por 'Il mondo' y que incluyó temas como 'Volver', 'La violetera', 'Cucurrucucú Paloma' o 'Body and soul'.
Mediada su actuación, que se prolongó durante una hora y media, Veloso se dirigió por primera vez al auditorio para explicar que la canción que acababa de interpretar en italiano -'Michelangelo Antonioni'- la cantó por primera vez hace unos años en San Sebastián.
El cantante brasileño, cuya presencia en el escenario fue tan profesional como recatada, logró poner en pie a todos los espectadores que reclamaron con una atronadora ovación unos bises que incluyeron la aplaudida 'Terra'.
Y se cerró así la 41 edición de este festival que ha sido bien acogido por el público en cuanto a asistencia a las actuaciones y que deja para el recuerdo el concierto de un Keith Jarrett impresionante.


