El Primavera Sound abre a ritmo de hip hop
30/5/2008
El grupo estadounidense Public Enemy demostró la vigencia de la vieja escuela rapera en la inauguración de la octava edición de un festival que también verá pasar a Portishead y Cat Power.
El grupo estadounidense de hip hop Public Enemy demostró la vigencia de la vieja escuela rapera en la octava edición del festival Primavera Sound, donde conmemoró el vigésimo aniversario de una de las cumbres del género, su disco 'It takes a nation of millions to hold us back'.
Unas 20.000 personas, según la organización, asistieron a la primera velada nocturna de este certamen -que se prolongará hasta el 1 de junio en el Parc del Fórum de Barcelona-, una cita que sirvió para demostrar que hay muchos tipos de festivales: está el de Eurovisión, donde lo importante es cuán amigo seas de tus vecinos, y está también esta cita barcelonesa, donde lo menos importante es la procedencia de los artistas.
En el escenario Rockdelux, Chuck D., Flavor Flav, Professor Griff, DJ Lord y The S1W, respaldados por su particular guardia de corps y con el refuerzo de guitarra bajo y batería, recrearon unas canciones que supusieron un puñetazo en el estómago de la sociedad estadounidense.
Así, piezas como 'Countdown to armaggedon', 'Bring the noise', 'Don't believe the hype', 'She watch channel zero' o 'Party for your right to fight', y el inevitable 'Fight the power', demostraron que los componentes de Public Enemy envejecen sin problemas.
Con anterioridad, el escenario CD Drome vio debutar a los mallorquines The Marzipan Man, el nuevo proyecto de Jordi Herrera, ex de Satellites, cuyo directo, pese al arpa, no estuvo a la altura de las melodías de su primer disco.
Tampoco le fueron mejor las cosas a La Estrella de David, la nueva banda del ex Beef David Rodríguez, independiente en sonido y actitud, pero dependiente del indie de los años noventa en sus canciones.
MGMT no convenció
Otra decepción corrió a cargo de los neoyorquinos MGMT, el último 'hype' de la industria musical, un grupo de neo-hippies que congregaron a demasiado público para sus méritos, resumidos en un par de canciones, 'Kids' y 'Time to pretend', que no merecen tanto revuelo por su revisión de la psicodelia setentera.
Mejor le fueron las cosas a Mount Eerie, la particular historia de Phil Elverum, quien con guitarra y voz defendió temas que cortan el hipo y desgarran el corazón.
En la vena nostálgica, la vuelta a los escenarios de The Notwist, los abanderados de la indietrónica, quienes en el escenario Rockdelux, y convertidos ya en unos señores un poco de vuelta de todo -melena pureta, gafas y camisa- hicieron lo que la gente esperaba, sin sorpresas: pop triste con base digital y algunas guitarras que de vez en cuando despertaban al personal.
Edan with guest Dagha convirtió las tablas del ATP -otro de los seis escenarios en los que se reparte el cartel- en un corral improvisado en el que escenificaron una pelea de gallos, aunque la sangre no llegó al río, ya que momentos después del enfrentamiento verbal rimado de estos zipi y zape, utilizaron como bálsamo para sus heridas el 'Strawberry fields forever' de los Beatles, para instantes después convertirse en una chirigota de Cádiz.
En la intendencia, hay que señalar en el 'debe' la falta de cubos donde depositar vasos y otros residuos, además de la inevitables colas para cualquier cosa. De momento, y a la espera de las sesiones más bailables, el público mayor, es decir, sin estridencias, pocos new ravers y mucha chaqueta de cuero.
Para la segunda jornada del festival, destaca entre las cerca de cuarenta actuaciones previstas la presencia de dos bandas veteranas: los Devo, y The Sonics, así como la de Cat Power, o el segundo concierto que Portishead ofrecerá en el festival.


