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Diez años sin la primera dama de la música, Ella Fitzgerald

14/6/2006

La muerte de Ella Fitzgerald, el 14 de junio de 1996, privó al mundo de la música de la primera dama de la canción, pero sus grabaciones mantienen con vida el recuerdo de la mejor intérprete de jazz de todos los tiempos.


 

Ella Jane Fitzgerald falleció hace diez años en su casa de Beverly Hills, tras perder la batalla contra la diabetes que desde hacía años había intentado acallarla. Sin embargo, la enfermedad mortal no ha conseguido silenciar su música, como demuestran los 40 millones de álbumes vendidos de su obra hasta la fecha.

Una década después de su muerte a los 78 años, el premio más prestigioso de la Sociedad de Cantantes lleva su nombre, el galardón Ella a toda una carrera musical.

Su obra será reconocida este mes con su incorporación al Salón de la Fama del Teatro Apollo de Nueva York, donde Fitzgerald comenzó su carrera hace más de 70 años.

Como aseguró la cantante antes de morir, el hecho de contar con seguidores "no sólo de mi época, sino entre las nuevas generaciones, significa que valió la pena".

Su voz fue clara y de dicción perfecta, capaz de alternar entre las notas más bajas y las más agudas en be-bop o en baladas. Cantaba sistemáticamente con una nota de alegría, algo que algunos le criticaron al considerar que representaba falta de esfuerzo.

Se trata de una cualidad irónica para esta nativa del estado de Virginia, que creció en la pobreza y luchó con su música para sobrevivir como una cantante negra en un mundo de blancos.

Fitzgerald también luchó contra su timidez, la que se apoderó de ella cuando a los 16 años participó como bailarina en el concurso del Teatro Apollo e, incapaz de dar un paso, salió del apuro cantando 'Judy' al estilo de su ídolo, Connee Boswell. Había nacido una estrella y sus 200 álbumes y más de 2.000 canciones sólo reafirmaron su título como la primera dama de la canción, un honor confirmado por sus 13 premios Grammy.

Fitzgerald también tuvo que superar las dudas de su primer mentor, Chick Webb, quien a regañadientes incluyó a la joven de 17 años y escasa experiencia en su orquesta. El éxito del tema 'A-Tisket, A-Tasket' (1938), convertido desde entonces en uno de los más populares de su orquesta y de Fitzgerald, le convenció de que había hecho lo correcto,

Ya en solitario, Ella cantó con los mejores, desde Duke Ellington o Count Basie a Nat King Cole, Frank Sinatra o Benny Goodman. Fue Dizzy Gillespie quien la animó a improvisar y a adoptar el be-bop como otro de sus estilos, por el que se haría más conocida.

Quincy Jones dijo que Fitzgerald fue no sólo la mayor influencia de su carrera, sino la de toda la música estadounidense, una de las grandes voces innovadoras del jazz.

Y aún así, todos los que conocieron a esta figura honrada con dos de las mayores condecoraciones presidenciales a un civil recuerdan la sencillez y timidez de su persona. "No digo nada para no meter la pata. Creo que se me da mejor cuando canto", solía decir ruborizada con tanto agasajo.

Fitzgerald también luchó muchos años con un enemigo más mortal que su timidez, víctima durante décadas de una salud frágil. Durante su última década de vida, Fitzgerald sufrió varias operaciones de corazón y la diabetes la consumió, primero la vista, luego su movilidad, al confinarla a una silla de ruedas tras la amputación de ambas piernas, y hasta su voz, silenciada finalmente ahora hace diez años.

Sin embargo álbumes como '75 Birthday Celebration', 'The Complete Ella Fitzgerald Song Books', 'Ella in London' o 'The Complete Ella in Berlin', entre otros, devuelven todavía el talento vocal de esta gran dama que en sus últimos años de vida disfrutó con "el sonido del aire, de los pájaros" y de la risa de su nieta Alice.