Björk: escueta, paradójica y fascinante en Madrid
19/7/2007
La cantante islandesa Björk actualizó su título de reina de las fusiones improbables en Madrid, con un concierto que llenó de espléndidos momentos con temas como 'Hyperballad'.
Con este concierto en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, Björk culminó su gira de tres conciertos por España para promocionar su último álbum, 'Volta', un disco que ha dividido a su público habitual, pero al que la artista dotó de una fuerza indiscutible en directo, al hacerlo convivir con algunos de los éxitos de una carrera en solitario que comenzó en 1993 con el explosivo álbum 'Debut'.
Dos grandes llamaradas introdujeron un recital en el que la cantante de 'Human Behaviour' volvió a hermanar conceptos tan opuestos como la estética medieval con la vanguardista, lo espectacular con lo íntimo o la estridencia con la musicalidad. La artista demostró que su genio escénico y su potencia vocal abrillantan las posibles carencias del repertorio y, así, arrancó con un atuendo que aglomeraba sus innumerables influencias enroscadas en un turbante y una capa.
Todo para dar peso a la canción 'Earth intruders', primer single de su último trabajo con el que desplegó todas las posibilidades de su banda hasta ahogar su propia voz. Centrado en la percusión y en el viento, el acompañamiento musical de la diva de la electrónica marginó a las cuerdas para dejar el protagonismo a una banda de viento metal de mujeres islandesas que han colaborado en 'Volta', al batería Chris Corsano y a su última apuesta musical, el 'Reactable' -el instrumento electrónico diseñado por el grupo de investigación en Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona-.
Sin embargo, la limpieza de sus tonos más agudos y la sugerencia de sus susurros más graves sonaron cristalinos con la segunda canción, 'Hunter', de su álbum 'Homogenic', con la que lanzó, además, uno de sus primeros y más impactantes recursos expresivos al brotar de sus manos dos telas de araña, seguido de un tímido "gracias", con el que atrapó al público madrileño de manera irreversible.
Ataviada entonces con un corto vestido de influencias animales -como el propio decorado, en el que colgaban banderas con ranas, cocodrilos o patos-, Björk dejó que sus tonos plateados reflejaran la arrebatadora explosión cromática provocada por sofisticado juego de luces que potenció, con asombrosa flexibilidad, todas las emociones suscitadas por el repertorio de la artista.
Su mirada hacia la mejor etapa de su carrera siguió gracias a temas como 'Pagan Poetry' -del álbum 'Vespertine'-, los toques de jazz introducidos en 'Aeroplane' -de 'Debut'- o el huracán electrónico de 'Army of me' -del álbum 'Post'-, aunque también dejó hueco para recordar temas como "Pleasure it's all mine", de su tropiezo artístico "Medulla", que sonó aun así irreprochable.
Volvió puntualmente al presente con 'Innocence' y cogió una espectacular carrerilla al enlazar su tema 'Bachelerotte' con una interpretación de largo recorrido de 'Hyperballad', que llevó en pocos minutos de la emoción íntima inicial al éxtasis discotequero final, que prosiguió con 'Pluto', con la que amenazó con cerrar su recital tras sólo una hora de música.
Así, Björk compensó escasamente esa brevedad en los bises mediante la sorpresa de emparentar su tema 'Oceania' -con el que abrió los Juegos Olímpicos de Atenas- con algo tan castizo como el pasodoble para, finalmente, cerrar a modo de manifiesto con la canción 'Declare Independance'.


