Antony and the Johnsons se pone ecologista
8/1/2009
El 19 de enero sale a la venta el nuevo disco de la banda liderada por Antony Hegarty, en el que el cantante rinde homenaje a la madre Naturaleza, "la artista más grande".
Con su segundo álbum, 'I am a bird now', Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons, deslumbró al mundo por su sobrecogedora voz. Ahora este cantante transgénero publica un nuevo disco, 'The crying light', un canto a la Naturaleza, a la que considera "una madre" y "la artista más grande" que existe.
Antony and the Johnsons presentará su nuevo trabajo, que sale a la venta el 19 de enero, en una gira que recalará en España durante la primavera, con parada en Barcelona, el 15 de abril; Murcia, el 5 de mayo; San Sebastián, el 7 de mayo, y Madrid, el 11 de ese mismo mes.
Antony Hegarty revela que su nuevo trabajo ha tenido una inspiración clave. "Mi relación con el medio ambiente, mi creciente sentido de que quiero atesorar el mundo que me rodea, de que en la Naturaleza encontraré una relación que me sostendrá porque ella es mi madre, estoy hecho de sus elementos, de sus minerales, de su aire, de su agua", es el hilo conductor de 'The crying light', según explica el cantante estadounidense.
Y es que probablemente en la propia Naturaleza Antony ha encontrado la aceptación que en su adolescencia no le ofreció una sociedad que, por ser una persona transgénero -tiene un cuerpo masculino y una mente femenina-, le marcaba como a un ser extraño, algo que, sin duda, ha influido en la fragilidad que su voz y su música desprenden.
Crecido en California, con 19 años se marchó a Nueva York, donde emprendió una carrera actuando en los after hours y en los cabarets, mientras su peculiar voz iba conquistando a grandes de la música como Lou Reed, que le invitó a cantar en algunos de sus conciertos y grabaciones.
En 2005, con 'I am a bird now', logró su sueño, tener un gran público y que su música fuera tan valorada que ha llegado a formar parte de películas como 'La vida secreta de las palabras' (Isabel Coixet, 2005), de anuncios de perfumes y que hasta ha sido interpretada por la Orquesta Sinfónica de Londres. "Es un milagro, es probablemente la primera ventana para una persona como yo. No podía creer cantar canciones que escribí cuando tenía veinte años, como 'Cripple and the star fish', con una gran sinfónica. Parecía como si hubieran cogido mi fragilidad y la hubieran cubierto de diamantes", señala al respecto el artista.
Los sueños de un artista original
Hegarty asegura que, al margen de haber perdido cierta tendencia a la autocompasión, el éxito no le ha transformado porque mientras se producía estaba en casa haciendo su colada. "El éxito me ha demostrado que estaba haciendo lo que tenía que hacer. Me siento más seguro, pero no quiero tomar nada por sentado. Las cosas cambian todo el rato".
El músico dice que ahora sus sueños serían "cantar 'feliz cumpleaños' al nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama -"Quiero apoyarle con todo mi corazón", apunta-, y también al Papa, aunque en este caso no sabe qué tema elegiría. "Sería una canción secreta, deletreada, invisible, para llevarle hacia los sentimientos. Para preguntarle por qué intenta controlar las experiencias de todos, de atemorizar a todos y por qué él y su Iglesia no nos ayudan, por qué no se ponen al servicio de lo femenino, de su madre, de su abuela, de la Tierra, de lo que le ha hecho nacer", remacha.
Si algo sorprende es cómo este artista corpulento se relaciona con su voz. "Siempre he luchado con mi voz al hablar, no me gusta mucho. Cuando era niño, y aún me pasa, siempre intentaba imitar la voz de la gente con la que hablaba. Cuando cantas es distinto, porque estás en una alfombra voladora, pero yo, cuando escucho mis grabaciones, me pongo a dormir. Me cuesta estar despierto escuchando mis canciones", aduce Hegarty.
'Another world', 'Daylight and the sun', 'Everglade', 'Dust and water' o 'Aeon' son algunas de las canciones de su nuevo álbum, en cuyos arreglos ha colaborado Nico Muhly, quien ha trabajado con artistas como Björk o Philip Glass. "Quería que fuera muy íntimo, con el piano y la guitarra en el centro y que a su alrededor se abriera un bosque de posibilidades", explica un músico que asegura que la Naturaleza es tan grande que él sólo puede "bailar en las sombras de la Tierra" para expresar que "todo es una perfección del mundo natural".
Eso mismo ocurre con su identidad sexual. "Es sólo una parte de mi naturaleza, como el color de mis ojos o de mi pelo", dice tras asegurar que tiene más en común "con un transexual de Irak que con un soldado americano".


