A pesar de su gusto por la música, especialmente por el soul americano, el sueño de Sade era dedicarse al mundo de la moda, que estudió en el St. Martin School of Art. Fue allí donde descubrió por primera vez su capacidad al hacer los coros en el disco de dos compañeros suyos, así como sus limitaciones al darse cuenta del miedo escénico que le invadía cada vez que subía a un escenario. Lo suyo era la intimidad de la composición, la rama donde la talentosa adolescente daba lo mejor de sí misma.