Da igual el tiempo que pase porque a Amaia Montero le preocupan las mismas historias que cuando teníamos 15 años. Estrategia comercial o no, lo que está claro es que la ex vocalista de La Oreja de Van Gogh resulta más dulce que una piruleta de corazón. Algo, según los rumores, que dista mucho de la realidad.