El disco tiene dos lecturas, por un lado están las preciosas melodías de Ana, autosuficientes, con sus formidables letras, sinceras declaraciones y reflexiones que reflejan el pesar del desamor, la frustración, el miedo, la incertidumbre y la euforia del amor. Por otro lado se disfruta de un soberbio trabajo de David Rodríguez en la producción y de sus personales arreglos, tan peculiares y estrambóticos como siempre.