Si hay algo que Ke$ha sabe hacer es contar historias. Ahí va una buena: en 2007, la entonces aspirante a cantante pop y autora decidió que Prince produjera su primer álbum. Averiguó su dirección, subió al coche y se dirigió a su casa en Beverly Hills, donde dio cinco dólares al jardinero para evitar problemas. Dejó el coche aparcado entre líneas moradas, se coló por una puerta lateral que estaba abierta, montó en el ascensor y subió al tercer piso, donde Prince estaba ensayando con su banda. "Me senté en uno de los tronos morados hasta que él se dio cuenta que estaba allí", dice Ke$ha. "¿Cómo diablos has entrado?" dijo Prince. "Y antes de de que su servicio de seguridad me echase, le dejé un CD con mis canciones envuelto en colores morados".