De esta guisa tuvo que presentarse Avril Lavigne en Malasia para poder cantar. Las autoridades de aquel país le habían prohibido actuar al considerar que el espectáculo de la canadiense era demasiado sexy. Pero tras muchos tiras y afloja, levantaron el veto y los malayos pudieron recrearse viéndola sobre el escenario, aunque fuese en versión light.