Por el cuerpo de Ben Harper corre sangre rusa, cherokee... Es un ejemplo de lo que el mestizaje puede hacer con un artista que creció escuchando a los grandes cantautores afroamericanos de los años setenta y que lleva casi dos décadas emocionando con temas que abordan temas tan delicados como la paz, la religión o el medio ambiente. En su nuevo trabajo, este defensor del blues moderno apostará por el rock puro y duro.