Sin duda alguna, el directo es la baza más potente de los escoceses que se mostraron muy enérgicos a lo largo de la actuación, especialmente ese frontman tatuado y barbudo que es Simon Neil.
Uno de los momentos de tregua fue la sentida interpretación, acústica en mano de "God and Satan", un medio tiempo para que tanto el público como el grupo tomaran un respiro.