Susan Boyle, y sobre todo su aspecto, eran pura carne de reality, y los productores de Britain's Got Talent supieron explotarlo desde que aquella entrañable mujer pisase el escenario de los castings. Una voz prodigiosa que calló las risas de todos y cada uno de los asistentes hizo el resto, convirtiéndo a la escocesa en el mayor fenómeno musical de los últimos años. El patito feo salía del concurso transformado en orgulloso cisne con disco bajo el brazo que se posicionó en el número uno de las listas de ventas de medio mundo. Ahora dice que vé muertos...y es que la fama repentina tiene un precio.