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Tokio Hotel

¿Cómo ser un auténtico emo?

La música que escuchas, la ropa que llevas, tu filosofía de vida… Nada puede quedar al margen para ser un auténtico emo. Si los discos de My Chemical Romance, Silverstein, The Juliana Theory o Lostprophets ocupan la memoria de tu mp3 estás salvado. Y si encima has oído hablar de los Nano Metro, unos chavales de 2º de la ESO que se definen a sí mismos como tecnosexuales, ya eres lo más. Aunque no olvides que es fundamental rechazar y criticar todo aquello que esté en el circuito comercial.

Las pautas para vestir son fáciles pero, no vamos a engañarnos, también son caras. Pantalones pitillo, si pueden ser de marcas como True Religion o G-Star y permiten que se te vean los calzoncillos, mejor que mejor, y camisetas que te queden pequeñas son los básicos para ser el más moderno. El color, por supuesto el negro (puede ser combinado con rayas, cuadros o rombos). Y cómo no, unas zapatillas chulas, a la altura… Converse y Vans poseen los modelos más demandados.

Los complementos son imprescindibles, así que no ignores tatuajes, diademas, piercing, cadenas, muñequeras, cinturones chillones… ¡Maquíllate!, utiliza siempre raya y sombra de ojos negra. Si te marcas las ojeras, perfecto. Y déjate un largo flequillo, pero que sólo te tape un ojo, nunca los dos. Así cumplirás todos los requisitos.

No sólo de imagen vive el hombre y el espíritu emo lleva consigo una determinada actitud. Melancolía, pesimismo, tristeza, apatía y dolor son los protagonistas del día a día. Un buen emo siempre se quejará de lo chungo que es el mundo.

Pero… ¿Dónde nace este movimiento?
El origen del emo se sitúa en la escena hardcore y punk de los años ochenta, en Washington DC. Los primeros grupos emo copiaron la estética punk y añadieron a su música unas letras más sentimentales, algunas con tendencias suicidas. De ahí el nombre de emotional hardcore, que abreviado es emo.

 Algunos grupos emo ¿o no?

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