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Sexo, drogas y rock and roll

13/3/2008

Tan polémica como genial, Amy Winehouse es la última en hacer honor a un lema que es a la música lo que el 'luces, cámara, acción' al cine. Repasamos los chicos y las chicas malas del mercado discográfico
Óscar Bellot


ellos ya lo sufrieron

Hoy en día la visión de las drogas ha cambiado mucho. No menos lo ha hecho el acercamiento a los grandes de la música. Hubo un tiempo en el que estos eran vacas sagradas colocadas sobre un pedestal que nadie se atrevía a tocar. El consumo de estupefacientes se asociaba a la veta creativa y estaba envuelto en un halo de romanticismo. La juventud se rebelaba contra la guerra de Vietnam, mayo del 68 había impregnado todas las conciencias, John Lennon alumbraba su emblema pacifista -'Imagine'- y Woodstock simbolizaba la esperanza de un futuro mejor.

Corrían los años sesenta y setenta del siglo XX, época en la que se vivía un particular duelo entre los 'chicos buenos' del panorama musical, los Beatles -adorados por enfervorizadas adolescentes y queridos por madres que veían en ellos a los yernos ideales-, y los 'chicos malos', los Rolling Stones -la denominación de Sus Satánicas Majestades no dejaba lugar a dudas de en qué bando se hallaban-.

Mick Jagger y Keith Richards pueden contarles a Amy Winehouse, Pete Doherty y demás unas cuantas cosas sobre las drogas. Pocas cosas hubo en sus años mozos que ellos no probasen. Sobrevivieron, pero ahora son conscientes de que otros no tuvieron tanta suerte. Quizás por eso el guitarrista se ha atrevido a darle unos cuantos consejos a la intérprete de 'Rehab'. "Esa chica no conseguirá mantenerse mucho tiempo en el negocio si no se endereza", ha comentado un hombre que admitió -no está muy claro si en broma o en serio- que llegó a esnifar las cenizas de su propio padre. Con esos antecedentes, bien haría Winehouse en tomarle en consideración.

Winehouse y Doherty buscan, a través de las drogas, alcanzar el nirvana, estado que nos remite al grupo de otro mito, por desgracia desaparecido, Kurt Cobain. El músico estadounidense se convirtió en icono del grunge con temas como 'Come as you are' o 'Smells like teen spirit'. Su relación con las drogas empezó a finales de 1990. La heroína que se inyectaba no tardó en afectar a la gira promocional de 'Nevermind' y lo que empezó como un flirteo con la sustancia se convirtió en una adición incontrolable.

Cuando Kurt Cobain se enteró de que su esposa, Courtney Love, estaba embarazada, decidió ingresar en un centro de rehabilitación. Incapaz de superar el síndrome de abstinencia, retomó el consumo de heroína. En julio de 1993 sufrió una sobredosis. En marzo de 1994 protagonizó un intento de suicidio y fue internado en otra clínica de desintoxicación de Los Angeles (California, Estados Unidos). El 8 de abril de ese año, varios días después de que se produjese el deceso, el cuerpo sin vida de Cobain era hallado en su residencia. La autopsia certificó que la causa de la muerte era una herida de bala auto-inflingida en la cabeza.

Elvis Presley y las anfetaminas, Janis Joplin y la heroína o Jim Morrison y el alcohol son otros ejemplos de la relación -muchas veces fatal- entre el talento artístico y las sustancias de todo tipo. Sus voces florecieron a medida que consumían, pero finalmente fueron devorados por unos vicios mucho más poderosos que ellos mismos. Eran ídolos con pies de barro. Sus vidas nos recuerdan que nadie está a salvo cuando se entrega en manos de amantes tan exigentes como los estupefacientes.